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En la escuela y en el hogar podemos crear pequeños espacios de calma que favorezcan la escucha, la empatía y el bienestar.
Hoy comparto el cuento “La calma de Manu”, un recurso sencillo para dialogar con las niñas y los niños sobre cómo encontrar tranquilidad cuando aparecen el enojo o la inquietud.
Desconozco el autor de este hermoso cuento; créditos a quien corresponda.
Después de leer el cuento puedes invitar a la reflexión con preguntas como:
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¿Cómo se sentía Manu al principio del cuento?
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¿Qué hizo Manu para encontrar la calma?
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¿Qué cosas nos ayudan a calmarnos cuando estamos enojados o preocupados?
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¿En qué momentos necesitamos buscar la calma en la escuela o en casa?
El frasco o la respiración de la calma
- Invita a las niñas y los niños a sentarse cómodamente.
- Pídeles que cierren un momento los ojos y respiren profundo.
- Inhalen lentamente por la nariz y exhalen por la boca.
- Mientras respiran, imaginen que dentro de ellos hay un pequeño frasco con agua y brillantina que poco a poco se va calmando.
Puedes decirles:
"Así como la brillantina se va quedando tranquila, también nuestras emociones pueden ir encontrando calma."

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